CIRA MOROTE MEDINA
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
“No me he ido porque he viajado 3.000 kilómetros para dar esta conferencia”. Así de enfadado se mostró ayer Óscar Moral, asesor jurídico del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi), tras comprobar que la tarima desde la que tenía que dar su conferencia en las Jornadas sobre Discapacidad, Ley de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia no tenía rampa para su silla de ruedas. El encuentro se celebra en un edificio público, el de Usos Múltiples II.

“Yo venía a dar una visión positiva, porque ha aumentado un 16% el empleo de personas con discapacidad, en relación al mismo cuatrimestre del año pasado, quizá porque los empresarios contratan a trabajadores que tienen alguna bonificación fiscal. Lo que pasa es que he llegado y me he dado cuenta de que no se me permitía subir por mí mismo a la tarima, y, la verdad, tampoco me daba la gana que me tuvieran que ayudar, y menos en unas jornadas como estas”, señaló el jurista.

El edificio consta de rampas y accesos hasta el salón de actos, pero sólo hasta la posición del aforo. “Quizá pensaron que una persona con discapacidad podría asistir como público, pero no que daría una conferencia. Estas cosas son muy tristes y producen hartazgo, porque si en un edificio público pasa esto, cómo será en el resto”, añadió.

Los organizadores de las Jornadas, la Escuela de Servicios Sanitarios y Sociales de Canarias del propio Gobierno de Canarias y Juris Vegueta, aclararon que han pedido insistentemente la rampa para la tarima, pero que no se puso a tiempo para la llegada de Óscar Moral. “Me ha costado mucho iniciar la intervención. El Cermi nunca participa en un acto en el que hay barreras arquitectónicas, por principios”.

Y es que al ponente los hechos de ayer le parecen un claro ejemplo de discriminación. “Estamos en unas Jornadas sobre autonomía personal y es muy irónico que precisamente aquí no se nos dé igualdad de oportunidades”, agregó Moral. “Es un detalle, digamos, poco cuidado”, continuó, no sin cierto sarcasmo.

Óscar Moral dijo tener “otras experiencias similares”, pero reconoció que, en estos casos, “la realidad te golpea la cara con fuerza”.

Incluso se planteó una medida drástica. “En este tipo de casos, quizá deberíamos irnos todos en señal de protesta. No se puede permitir algo así”, concluyó.

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